domingo, 12 de enero de 2014

Solitude



Cada mañana el amor de su vida se levanta, se pone la bata y las pantuflas y va hacia la cocina a preparar el desayuno para la mujer con quien duerme cada noche pero que ya no ama.

Hoy ella despertó -como tantas otras veces- en la cama de alguien que no le importa y a quien apenas conoce sólo porque no puede dormir y despertarse junto a él.

Y cada noche, muchas ellas y ellos anónimos se acuestan solitarios en sus camas porque no tienen elección y añoran ese abrazo y esos besos de antes de dormir.

Es que la soledad, en sus diversas fomas, es el único bien equitativamente distribuído entre todos los seres humanos.

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