domingo, 8 de diciembre de 2013

Jaulas







El la quería desde su jaula estructurada con barrotes de prejuicios, dolores pasados y heridas jóvenes. Ella lo quería desde una jaula hecha con barrotes de seda china: flexible pero irrompible. 
Ella volaba del nido algunas noches para llegarse hasta el suyo y cantarle un rato con trino alegre y tierno. Cantaban a dúo, se miraban, se exploraban. Canto y poesía hecha carne hasta el día siguiente.

Cada amanecer era también una despedida. Y en cada una se fueron perdiendo las esperanzas y, acaso también, las ganas. 
De a poco él fue dejando de cantar para atraerla. 
Sus jaulas y sus precarias libertades se transformaron en obstáculo y barrera. Se negó a dejar que ella penetre aún más sus estructuras. Plantó bandera de egoísmo para proteger su coraza.

Ya con trinos no alcanzaba. El quería un pájaro libre y se permitió partir.
Se despidió desde lejos con apenas un batir de alas como quien está apurado por cambiar de aire y de cielo.
Pero en un vuelo corto se posó no muy lejos y cada día ella puede oírlo gorjear desde otras ramas. Simplemente se pregunta si es feliz y si a veces la recuerda.
Vuelven ahora en forma de nostalgia las mismas notas; las trae el viento hasta su jaula.

Ella no dejó de cantar. Algunas noches incluso sale a volar para ejercitar las alas, a disfrutar el placer del vuelo, de la sensación de libertad. Se quedó sin algunas melodías. Sin saberlo él se las llevó consigo. Hoy sólo le dedica sus silencios respetuosos a distancia.

El tiempo se detuvo en jueves. Y ya no hubo más amaneceres afuera del nido con él.