martes, 27 de agosto de 2013

Sombras nada más



Sordo ruido, oíd se deja de desilusiones montadas en corceles de madera  y tristezas de hojalata.

Una vez escribí en el margen de una hoja llena de ideas sueltas: «las cosas más importantes, cuando se rompen, no hacen ruido». Le dibujé florituras de tinta alrededor a las palabras casi sin comprender su significado.
Pero resulta que crecer me obliga a cambiar de parecer de forma constante. Y descubrí que el ruido que hacen algunas relaciones al romperse es una letanía insoportable de bla bla blas. La tropelía sin goyete del que queda varado en la ventanilla de reclamos.

[«Explicame porque no entiendo»; «Me destruís»; «Nadie me hizo tanto mal»; bla bla blases].

Dos que se quieren se terminan cuando uno no quiere más; cuando todo lo que te encanta del otro se transforma aquello que detestás. Cuando la admiración por el otro desaparece y lo arrastrás de nuevo al barro.
Eras brillante, ingenioso/ a, divino/ a, uno/ a en un millón. Pero ya no. Y no hay mucho más que explicar.

¡Abandonad el drama! 
Recojan,  damas y caballeros, la armadura de sus egos heridos, pónganse la cota mallada de la dignidad y retírense en silencio.

 

                                                «(...) una sombra ya pronto serás
                                                  una sombra lo mismo que yo.»