jueves, 22 de diciembre de 2011

Ajedrez

En este tablero de ajedrez se van desdibujando las piezas.
Hay un rey venido a menos que ya no gobierna.
Una reina cansada y con la mirada soñadora perdida.
Un caballo que monta un caballero un poco inseguro que teme caer.
En el otro caballo viene montado un misterio muy lejano.
Quedan algunos prisioneros olvidados en las torres.
Y de lejos se perfilan borrosos un par de alfiles.
A los peones no les presto atención, aunque tal vez debería.
Nunca se sabe cuando te van a ayudar a ganar una partida.
Pero no sé jugar.
Tampoco perder.
Estoy perdida.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Rompecabezas

Siempre elegí creer que estamos hechos en gran parte de todo lo que amamos.
Y al mismo tiempo somos porque nos aman y nos han amado.
A veces es un tanto pretencioso hablar del amor. A fin de cuentas cada uno se aprende su parte del guion y nada más.
El mío dice que tengo un pedacito tuyo. Algo de tus recuerdos que me compartiste alguna vez, algo de tus sueños que me contaste. Algo de tu magia con la que me envolviste.
Tengo un poco de tus brazos que me abrazaron para dormir.
Algo de tu boca que me ha recorrido dejando caminitos de baba invisibles.
Algo de tus lágrimas que has llorado aunque no te pudiera ver.
Algo de todas esas cosas que no me dijiste pero pude adivinar.
Algunos de tus silencios cargados de miradas.

Me llevo partecitas de cada alguien que amo. Y le dejo a su vez, trocitos de mí.

Te dejo mi perfume en la almohada, en la piel y algunos cabellos en las sábanas.
Alguna canción que era nuestra y escuchamos juntos porque significaba.
Te dejo mis berrinches y caprichos haciendo montañitas en tus frustraciones.
Te dejo también mis besos, mis risas, algunas lágrimas.
Y finalmente
te dejo algunas palabras que son entre mis posesiones, de lo más valioso que tengo.
Porque me conectan con cada cosa que me llevo de un alguien y con cada parte que le regalo de mí.

A veces es poco.
Pero si te quedás con una parte mía es porque te he amado.


domingo, 27 de noviembre de 2011

Escribo


Escribo para exorcizar. Para no acumular silencios.
Escribo para hablar de lo que no soy y también un poco, de lo que quiero ser.
Escribo de mis circunstancias.

Describo de vos, de mi y de ellos.

Escribo porque sino  mis manos estarían hiperactivas de palabras acumuladas.
Escribo para responderme preguntas. Otras veces buscando la pregunta correcta para tanta respuesta.
Escribo porque callo pero no puedo evitar que la palabra me trascienda.
Y otras veces escribo, también, para negarme.

Escribo para que me lean pero no son suyas mis palabras.
Ni se las dedico.
Aunque algunas veces las pienso por y para.
Cuando las dejo ir ya no son mías.

Le extiendo mis palabras al portador sobre el papel o la pantalla.
Que las haga suyas si quiere.
No son para creer, son para crear.


martes, 22 de noviembre de 2011

Palabras cruzadas.


El mensaje puede ser contundente pero adolece de una cierta fragilidad porque depende del medio.
Las palabras correctas dichas por el medio equivocado hacen que el mensaje no llegue a destino o peor aún que llegue a las personas equivocadas.
Supongamos que tengo algo para decir a alguien y elijo al viento como mensajero. Y el viento le lleva las palabras al destinatario menos pensado. Y el erróneo se apropia del mensaje y lo hace carne. Lo vivencia y se lo apropia.
Se rompe doblemente la comunicación: no solo esas palabras no llegan a destino sino que además llegan al destinatario equivocado. Doble ruido.
Jugar deliberadamente con la fragilidad del mensaje y de las palabras nos convierte en inconcientes.
Hay mensajes que nacen sin dueños ni destinos. Son libres. No le pertenecen a nadie.
Otros mensajes son creados para receptores específicos. En ese caso asegurémonos de que el mensaje llegue intacto, por el medio que corresponda y a quien corresponda.
Que no nos asuste la simpleza.

https://twitter.com/#!/noellee__/status/138828535115694081